Las vigilias por las víctimas de la homofobia son también un acto político

Reflexiones de Rosa Salamone, del grupo Varco-Refo de Milán (Italia)
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Estoy convencida, y es una convicción personal, de que cada uno de mis actos tiene una connotación política. Si decido no desperdiciar energía, ahorrando luz en mi casa, es un acto político. Si decido no usar el lenguaje de la violencia, ya sea físico o verbal, es un acto inevitablemente político. Es decir, un acto que tiene consecuencias sociales precisas.
Lo mismo ocurre si voy al mercado y compro productos que no están modificados genéticamente, si destino parte de mis impuestos a quien yo quiero, si utilizo un determinado libro de texto en el colegio y no otro. He leído en más de un artículo en diferentes publicaciones que las vigilias no proponían ninguna reivindicación política. Esta afirmación, para mí, es errónea.
Lo es desde un punto de vista semántico y lo es también en términos de claridad conmigo misma. Es una afirmación que no consigo compartir a pesar de mis repetidos esfuerzos en este sentido.
Cada una de las vigilias que se han desarrollado a lo largo y a lo ancho del país ha constituido un acto que está en relación con la sociedad. Y, por qué no, espero que tengan también consecuencias políticas y se traduzcan más concretamente en leyes y legislaciones específicas.

Sé de sobra que cuando hablo así se me acusa de querer transformar mi Iglesia en un lugar de reivindicación política. Para mí no es una acusación, sino una verdad sagrada: la Iglesia es un lugar de reivindicación política, porque no existe ni en el cielo ni en la tierra un lugar que no sea «político».

Las primeras reivindicaciones a favor de una integración real entre grupos étnicos surgieron a raíz de las protestas de Martin Luther King. El obispo salvadoreño Romero luchó por los pobres sin tierras desde su púlpito (1).  Lo mismo hizo el sacerdote italiano don Peppino Diana predicando contra la camorra durante sus homilías (2).

Por ello, me parece de un pudor “hipócrita” subrayar que las vigilias deseaban concentrar la atención en las experiencias de cada uno de nosotros sin proponer «ninguna reivindicación política». Para aquellos que lo dicen, que sepan que no lo dicen en mi nombre.
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1 En sus homilías dominicales denunció numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país. Murió asesinado en 1980 en el ejercicio de su ministerio pastoral.
2 Fue asesinado en 1994 por la camorra.

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