En mayo nuestra liturgia en parroquia para superar la homofobia y toda discriminación

Reflexiones de Elena y Enrico publicadas en la revista parroquial “Insieme” (Juntos) de la Unidad pastoral de Santa María de los Ángeles* de Reggio Emilia, mayo de 2017, p.27

El 17 de mayo se celebra a nivel internacional la jornada contra la homotransfobia y cualquier otra forma de discriminación y de odio. Por eso en muchas parroquias católicas y en las iglesias baptistas, metodistas y valdenses italianas desde Trieste hasta Catania, europeas desde España hasta Rusia, de Latino América, de Canadá se celebrarán vigilias de oración con un anuncio de gracia y de empeño concreto contra cualquier tipo de violencia y prejuicio.
El Versículo que ha sido elegido este año y que une a las muchas vigilias de oración que se celebrarán también en los días anteriores y siguientes al 17 de mayo, es una exhortación que Pablo dirige a sus interlocutores en el capítulo 12 de la carta a los Romanos: ”Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis (Romanos 12,14).

Cada vez que hemos sido objeto de prejuicios, ofensas, insultos, violencia, discriminación sólo porqué nos encontrábamos en un momento de fragilidad física o emocional o por ser mujer migrante o gay, lesbiana o transexual, nos hemos sentido, frente a nuestros agresores, solos e indefensos exactamente como Jesús delante de los sumos sacerdotes y de los soldados romanos que luego lo condenarían y matarían. El ejemplo que Jesús nos ha dejado es un ejemplo de perdón, no de venganza hacia sus verdugos, no oponiendo alguna resistencia sino acogiendo hasta el último las personas que le habían hecho daño.
Pura locura, locura evangélica es el ejemplo de Jesús y lo que nos invita a hacer el apóstol Pablo cuando nos exhorta nada menos que a bendecir a los que nos insultan y nos maltratan. Rezar y esperar para qué estas personas puedan abrir su corazón al amor, puedan aprender a amar en vez que odiar o agredir y eso justamente a través de nuestro comportamiento cristiano: a imitación de Cristo, puedan reflexionar y convertirse.

Cuantas veces sin embargo hemos sido nosotros, al interior de la sociedad o de nuestras comunidades cristianas, a juzgar, alejar y con indiferencia ignorar la violencia hecha al migrante, al homosexual, a la mujer, al transexual que estaba cerca nuestra, y que en vez de ayudar o acoger hemos ignorado o alejado por estar cargados de prejuicios y de miedos. Debemos entonces aprender a abrir la puerta de nuestro corazón y de  nuestra comunidad, salir a su encuentro y dejar que sean ellas y ellos a contar sus historias, sin juzgar, compartiendo sus sufrimientos, poniéndonos a su lado y caminando con ellas y ellos para superar los miedos y las dificultades, bien sea nuestras que suyas, porqué podemos ser todas y todos perseguidos pero también perseguidores de nuestras hermanas y hermanos aunque tan solo sea con la  indiferencia y el prejuicio.

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