En la Iglesia española hay una acogida silenciosa de las personas LGTBI

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Elena Magarinos, Vida Nueva – Revista y portal de noticias religiosas y de Iglesia (Espana), 17.05.2020

Las Vigilias de la Esperanza nacieron en 2007 después de que un joven se suicidara en Italia tras haber sufrido un grave acoso por ser homosexual. Por eso, cada año, la comunidad cristiana LGTBI, primero en Italia y luego en el resto de Europa, celebra el 17 de mayo estos encuentros de oración, coincidiendo con el Día Internacional contra la LGTBIfobia. Así lo explica a Vida Nueva Enzo Guardino, presidente de Crismhom, la asociación de Cristianos y Cristianas LGTBI+H de Madrid.

 ¿Qué finalidad tienen estas vigilias?

La finalidad no es otra que rezar por un mundo sin LGTBIfobia, para poner de manifiesto el valor positivo de la Iglesia en la inclusión de este colectivo. En muchos países del mundo, pero en Italia de forma particular, acompañadas por las comunidades católicas y protestantes, se celebran en los templos las vigilias contra la LGTBIfobia. Todavía en Madrid no ocurre, a pesar de que hace dos años hemos celebrado una vigilia en una parroquia madrileña, pero luego, a raíz de las consecuencias de los ataques de algunos medios católicos conservadores, se interrumpieron estas vigilias.

¿Ha habido avances en los últimos años en este ámbito dentro de la Iglesia?

R.- En la Iglesia Italiana sí. Hay muchos obispos y sacerdotes que celebran en sus iglesias estas vigilias y, de hecho, se está movilizando una pastoral LGTBI dentro de las parroquias, también en otros países europeos. Desafortunadamente, en España no es así de simple. El diálogo no es tan favorable.

 ¿En qué sentido?

En la Iglesia de España hay una acogida silenciosa, pero ninguna manifestación pública de las personas LGTBI.

 ¿A qué se debe esta diferencia entre la Iglesia española y la del resto de Europa?

Creo que en España está todavía muy ligada a una rama muy tradicional, y no es capaz de dar este paso hacia la apertura al colectivo LGTBI en el sentido pastoral. Sabemos que a nivel doctrinal no es sencillo que haya un cambio, y no pretendemos que esto ocurra de un día para otro. Pero en la praxis pastoral sí que puede existir este cambio a nivel de acogida. La Iglesia católica habla de respeto, acogida e integración, como ha puesto de manifiesto el padre James Martin en su libro ‘Tender puentes’. Esto se da en la práctica de algunas parroquias, pero no es así en la jerarquía eclesial. A nivel pastoral, en alguna parroquia española si que existe esta acogida, pero silenciosa por miedo a las consecuencias que esto puede tener.

En Italia hay también grupos conservadores, como aquí, como en cualquier lugar. Pero creo que en España se tiene miedo a estos grupos, y su voz se escucha mucho más. Sin embargo, en otros países son una minoría y el ruido que hacen no llega a más. Está claro que dentro de la jerarquía eclesial hay distintas opiniones, como es natural, pero, como decía el Papa el otro día en Santa Marta, hay que buscar puntos de encuentro. En mi opinión, creo que todo se juega en la praxis pastoral. Es donde algo nuevo puede surgir.

¿Es en este ámbito en el que debe incidir la Iglesia española?

Creemos que las parroquias deben tener una pastoral de la diversidad sexual para incluir a las personas LGTBI, que se sientan aceptadas tal como son, no como personas invisibles. Igual que en las parroquias hay grupos de padres, de madres, de jóvenes… Debería haber un acercamiento y una apertura a la comunidad LGTBI. Esto es lo que tratan de hacer asociaciones como Crismhom.

¿También las hay en otros países?

– En Italia hay distintos grupos a nivel regional que se reúnen, rezan juntos y trabajan por la inclusión dentro de la Iglesia. En este último tiempo, con el confinamiento del Covid-19, se están reuniendo de forma telemática todos los días, de norte a sur de Italia, para rezar juntos. De hecho, un grupo de jóvenes creyentes LGTBI han hecho un retiro con una charla del cardenal Zuppi. Los obispos alemanes están hablando de la bendición de las parejas del mismo sexo bajo la premisa de que, si hay amor, hay la bendición de Dios. En España esto cuesta todavía mucho.

 ¿Cómo se vive la práctica de la fe perteneciendo al colectivo LGBTI?

En la mayoría de los casos, los feligreses homosexuales en las parroquias tienen que vivir en la invisibilidad. Porque en el momento que manifiestas tu realidad, suelen ocurrir dos cosas: o que te rechacen, o que te animen a ocultarlo para evitar que se cree un escándalo. En mi caso, cada vez que voy a confesarme y manifiesto que tengo una relación con una persona, que es mi pareja desde hace muchos años, encuentro la dificultad de muchos sacerdotes de entenderlo. Y quieren convencerte de que es pecado, y que tienes que vivir prácticamente como hermanos y que tienes que dejarlo con tu pareja. Y eso es una pena.

¿Qué ha supuesto este rechazo por parte de la Iglesia para las personas LGBTI creyentes?

Hay muchas personas que, directamente, se han alejado, porque es una situación muy difícil. Nosotros tenemos en la comunidad un servicio que se llama ‘Amigo que escucha’ y la mayoría que vienen lo hacen un poco enfadados porque se han sentido rechazados. Por este motivo, como decía antes, es importante que las diócesis hagan este trabajo pastoral para que las personas homosexuales puedan sentirse acogidas.

 ¿Ha cambiado algo con el papa Francisco?

El gran valor del Papa no ha sido en cambiar la doctrina, sino en lo mucho que ha cambiado el lenguaje. Ha tenido este tacto de cambiar la forma de hablar y de hacerlo de una forma más respetuosa, simplemente no refiriéndose a las personas LGTBI como “intrínsecamente desordenados”, sino que habla de una forma más acogedora. Además, sus palabras han suscitado un diálogo y un interrogante a la jerarquía eclesial. En gran parte del pueblo de Dios está asumido que existen las personas LGTBI creyentes, y eso se pudo comprobar en el Sínodo de la Familia.